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Las cinco actitudes de la creatividad

La creatividad práctica requiere, al menos, de cinco actitudes (actitud: palabra relacionada con actuar, actividad, actuación, activar)

1. La actitud del filósofo. Basada en la pregunta. Para ser creativo hay que animarse a preguntar: con avidez, con libertad, con insistencia.

Preguntar “¿por qué?” significa comenzar a explorar. Seguir preguntando “¿por qué”? nos ayuda a llegar a niveles más profundos de exploración. El creativo es, como un filósofo, un explorador.

2. La actitud del científico. Porque la creatividad, además, requiere dar respuestas. Responder, a veces, como un científico; a veces, como un técnico; a veces, como un especialista. No con hipótesis sino con ideas concretas.

El salto del filósofo al especialista (y viceversa) es dificilísimo. La diferencia que marca al creativo es que, en un ambiente de respuestas, sabe preguntar. Y en un ambiente de preguntas sabe responder.

3. La actitud del hacedor. El que hace, el que produce, el que logra que se implemente. Es el salto a la acción. No sólo dar respuestas, también accionar.

No una acción cualquiera, no una acción automática sino una acción diferente. Producir como produce un artista, o un artesano, o un profesional que maneja con excelencia su oficio.

4. La actitud del emprendedor. Es la capacidad de salir de un estado de quietud para comenzar un nuevo espacio creativo. No es lo mismo empezar a crear que empezar con los detalles de la creación. El emprendedor empieza a crear. Este es el comienzo, este es el arranque. Es la clave, diferenciadora de todo emprendedor.

5. La actitud del curador. En el sentido del conservador de arte. El que cuida, el que protege, el que elige, el que conecta.

La creatividad es una buena mezcla de todas estas actitudes. Pero, sobre todo, la capacidad para transcurrir de una actitud a otra de manera armónica.

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