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La Creatividad es mucho más que Ingenio

“La universal admiración por los ingeniosos no es una manía, sino el espejismo de un paraíso. El ingenio no es una diversión, sino un ambivalente modo de supervivencia.” (Marina, 1992, 21, resaltado mío)

La cita (y todas las citas de este post) están tomadas del libro de José Antonio Marina, Elogio y Refutación del Ingenio.

Marina ubica al ingenio sólo como primer escalón del acto creativo. Lo que él llama momento inventivo (Marina, 1992, 237), un momento de ocurrencias, de originalidad, de proliferación de ideas. Pero con esto no alcanza. También hace falta un momento creador, de elección, de decisión, de establecimiento de prioridades. En este punto Marina es categórico:

“El instante decisivo de la actividad creadora no es la ocurrencia, la invención, sino la selección. El artista se equivoca o acierta al dar la orden de parada. Ése es su acto más genuino.” (Marina, 1992, 237).

Somos creativos cuando cuando priorizamos proyectos. O, para decirlo de otro modo, no hay creatividad sin elección, sin la decisión de seleccionar algo y, en consecuencia, dejar algo de lado.

Usar la creatividad para “no perder nada” es un contrasentido. Una forma de transformarla en ingenio ilusorio, cortoplacista, provisorio.

Para ser creativos debemos construir proyectos, inventarlos, seleccionarlos de la infinidad de proyectos que podríamos tener. Luego, seleccionaremos qué es lo que nos interesa de la realidad guiándonos en nuestros proyectos.

Crear es decidir abocarse a un proyecto y no a otro. Descartar proyectos también es un acto en el que se va constituyendo nuestra creatividad. Porque somos más creativos mientras más claras tenemos nuestras preferencias. O mientras más rico y dinámico es el sistema a partir del cual hacemos preferencias.

“Lo que define la personalidad de un artista es el sistema de preferencias que ha creado. Ésa es su máxima creación, que se actualiza al elegir. Todo artista es un modo de seleccionar, lo que en términos vulgares se llama ‘una sensibilidad especial’. Lo que diferencia a Proust de los Goncourt no es la prosa —esta es una distinción superficial—, sino sus preferencias respecto de la prosa. Su distinta manera de juzgar lo que es un acontecimiento interesante.

Al ingenio le cuesta elegir. Entre otras razones, porque elegir supone prescindir de algo, y el ingenio lo quiere todo. Esto le fuerza a habitar el primer piso de las actividades creadoras, el piso donde se celebra el perpetuo guateque inventivo. Rehúsa elegir. La lógica del sistema es implacable. El ingenio se ve forzado a preferir la verdad mundanal a la verdad real; el momento ocurrente, al momento creador; la comprensión, al conocimiento.” (Marina, 1992, 238).

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