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Las ideas no nacen “redondas”

Las posibilidades de interacción que permiten las nuevas tecnologías, hacen mucho más visible que las ideas no nacen “redondas”. Las ideas se comentan, se mejoran, se fortalecen, se refinan, se desarrollan. Y así se van convirtiendo en creaciones, en innovaciones.

Una persona puede presentar su idea en una plataforma de financiamiento colectivo, o en una red de invención colaborativa, en una incubadora virtual, o real… En todos estos espacios (y en muchos más) las ideas se van construyendo y fortaleciendo. Quienes participan en la creación y sostenimiento de estos espacios son “influenciadores” que también, de algún modo, “inventan”.

Participar, entonces, también es crear. Y, aunque en la teoría este concepto se plantea desde hace tiempo, recién con las nuevas tecnologías ha sido posible que se visualice de manera práctica y concreta.

Somos creativos cuando hacemos que algo se convierta en una creación, aunque nuestra ayuda sea muy pequeña.

Esta idea es muy poderosa. Incluso desde el punto de vista opuesto: perdemos creatividad cuando nos distanciamos de los procesos que implican crerar: cuando no intervenimos en el momento correcto, cuando preferimos no comentar aunque nos lo pidan, cuando no desarrollamos nuestra capacidad de dar feed back, cuando preferimos no apostar a una idea aunque nos parezca interesante.

Un nuevo camino se abre para quienes quieren protagonizar la creatividad desde otro punto de vista. Crear a partir de hacer aportes para que lo nuevo nazca y se consolide… aunque la idea inicial se le haya ocurrido a otro.

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